El norte de Islandia

El norte de la isla no deja a nadie indiferente. Más volcanes, cascadas, lagos y un mar embravecido en el que salir a navegar en busca de ballenas.

Siguiendo mi recorrido desde los fiordos del este por la Ring Road, se encuentra el desvío para llegar a las grandiosas cataratas de Selfoss y Detifoss, que tienen el mayor caudal de Europa.

Selfoss y Detifoss

Para llegar tienes dos opciones. Tomar el desvío asfaltado por la 862 que va por el lado oeste, lleva unos 20 min hasta el parking. Podrás ver Detifoss de cerca y al fondo Selfoss. O tomar el 864 por el lado este que no está asfaltado y te llevará unos 45 minutos. Desde aquí salen varias rutas de treking para ver Selfoss de frente. Lo ideal es hacer las dos pero se me echaba la noche encima y sólo pude hacer el lado oeste.

Hverir y la zona geotérmica

Un poco después se llega a la zona que peor huele del mundo: Hverir. Se encuentra al lado de la carretera así que no tiene pérdida. Las enormes fumarolas, los tonos ocres, grises y amarillos de la tierra y el fuerte olor a sulfuro (a podrido), delatan la potente actividad geotérmica del lugar. De hecho, muy cerca se encuentra una de las centrales más grandes del país, que abastece a gran parte de la isla, además de los baños termales de Myvatn.

A pocos metros de la central se encuentra la que probablemente sea la ducha más bizarra del mundo, «perpetual shower«, una ducha al aire libre en medio del campo con agua súper calentita y recién salida del centro de la tierra.

Námafjall y el cráter Viti

A unos kilómetros de la central se encuentra Námafjall, un campo de lava con algunas aguas sulfurosas, fumarolas y rocas humeantes por el que que merece la pena dar una vuelta. Desde el parking hay que andar unos 10 minutos que se hacen interminables por culpa del fuerte viento que sopla en esta zona.

Enfrente está el negro cráter Viti con su laguna azul en el centro. Pertenece al volcán Kraftla, de aprox 10 km de diámetro, al que también pertenece el impresionante cráter Ajka, que se ve desde la carretera y al que sólo se puede llegar en 4×4. Para llegar al Viti se deja el coche en un pequeño parking y se asciende hasta llegar a la cima, en la que se ve el contraste de color azul de la laguna con la arena oscura. Aquí se puso a nevar, a pesar de estar a primeros de septiembre.

Lago Myvatn, el lago de las moscas

Uno de los atractivos del norte de Islandia es la zona que rodea el gran lago Myvatn, que en islandés significa lago de las moscas, debido a la gran cantidad de diminutas moscas que revolotean por allí. A veces llegan a ser muy molestas así que la mascarilla nos fue de gran utilidad para no tragarnos ninguna. Quedé con los 4 españoles que conocí en el parking del diminuto pueblo de Reykjahlidh, el único de la zona. Ya en un solo coche recorrimos los alrededores del lago, con sus pequeños cráteres negros, formaciones de lava y prados con vegetación amarilla en el que pastan las escurridizas ovejas.

Grjótagjá es la pequeña laguna azul en el interior de una cueva, a la que se accede por una grieta, y que sirvió de escenario en Juego de Tronos para el encuentro romántico de Jon Nieve e Ygritte. El agua está a unos 40º y hasta hace unos años, los lugareños acudían aquí a relajarse como en cualquier otro baño termal. Justo en la zona de enfrente se encuentra Hverfjall, que es un cráter enorme negro al que se puede subir andando y disfrutar de las vistas y del fuerte viento, así que lleva un buen abrigo.

Godafoss, la cascada de los dioses

Su nombre viene de la leyenda que cuenta que un sacerdote lanzó desde lo más alto las estatuas de los dioses paganos, renegando así de los dioses vikingos y convirtiéndose al cristianismo. Es una de las más hermosas del país, me recordó mucho a la del Niágara, aunque esta es más pequeña. Es de fácil acceso porque está al lado de la 1 y tiene un parking con cafetería, cómo no, que cierra a las 18.30 h. A medio camino entre Myvatn y Akureyri, merece la pena dedicarle un buen rato a contemplar la belleza de la cascada y del entorno.

Húsavik

Creo que Húsavik es el pueblo que más me gustó de toda Islandia. No sé si es por las ganas que tenía de visitarlo, tras de ver la película de Eurovisión «The story of Fire Saga«, o por la preciosa postal que componen sus casitas de colores, la iglesia, el puerto y los paisajes salvajes que la rodean, en los que golpean las olas y el viento del norte.

Desde aquí salen los barcos de las excursiones para el avistamiento de ballenas. Como el mar de Groenlandia suele estar algo movidito, yo preferí no arriesgarme y acercarme a darme un baño en el GeoSea, los baños termales desde los que se ve el mar. Abren por la tarde y yo fui por la mañana, así que me quedé con ganas de entrar. Por su ubicación al norte es un sitio ideal para ver auroras boreales.

Akureyri

Es la capital del norte. Está ubicada a los pies de un fiordo y como justo antes de llegar hay que atravesar un túnel, nada más salir de él te sorprenden unas vistas preciosas del fiordo y la ciudad. Cuenta con unos 20.000 habitantes, entre los cuales hay bastantes universitarios y erasmus, que le dan vidilla a la ciudad. Cuenta con un gran puerto y un aeropuerto, que facilita la conexión en los duros inviernos en los que la nieve bloquea las carreteras. Lo único que destacaría de para ver es su moderna iglesia y los semáforos con la luz roja en forma de corazón, emblema de la ciudad. Tiene una calle peatonal en el centro, con algunos comercios y restaurantes, y en las afueras un centro comercial con gran variedad de tiendas.

Pasé la noche en el hotel Kjarnalundur, un sitio grande, agradable y tranquilo porque situado en medio del bosque en las afueras de la ciudad. Cuenta con varios jacuzzis en el exterior y un amplio parking. La habitación y la cama estaban bastante bien, con buena calefacción. A la mañana siguiente continué por la Ring Road hacia el oeste. Pero antes, puedes tomar un desvío para llegar a la Christmas House, a unos 20 minutos al sur, un recinto temático con casitas de navidad, pero no puedo opinar porque pasé de ir.

Vidimyrarkirkja, la iglesia de turba negra

A poco más de una hora de carretera está el desvío 75 hacia Glaumbær, un museo popular formado por varias casas con el techo de tepe (césped) que reproducen una granja y el estilo de vida rural. (Hay que pagar entrada). Yo pasé de ir y me fui directa a ver la preciosa y pequeña iglesia negra de turba con el techo de tepe, llamada Vidimyrarkirkja (Kirkja es iglesia en islandés). Está muy bien conservada, ubicada al lado de una casa que supongo que son los que la mantienen.

El Valle del río Blanda

Los paisajes que atraviesas durante esta parte de la isla tienen mucha más vegetación que en el sur y en el este. El viento sopla bastante fuerte y tendrás que agarrar bien el volante del coche para que las rachas no te saquen de la carretera. Además, podrás disfrutar de los preciosos caballos que pastan en este valle y, cómo no, de las simpáticas ovejas que ¡siempre están por todas partes!

Siguiendo la 1 se llega hasta Blönduós, un pueblo costero de unos 900 habitantes que cuenta con un museo textil y con una curiosa iglesia gris de diseño, Blönduóskirkja, que se supone que imita a un cráter. El viento soplaba tan fuerte que me tuve que comer un sandwich dentro del coche.

Un poco más adelante está el desvío 715 que lleva a Kolugljúfur Canyon, un cañón por el que discurre un río con una preciosa cascada en varias alturas. El camino no estaba asfaltado y como estaba lloviendo no quise arriesgarme a quedarme atrapada en el barro. Pero con un 4×4 hubiera llegado sin problemas.

Más adelante encontré otra pequeña cascada con encanto. Llega un momento en el viaje en el que has visto tal cantidad de cascadas que ya te dan igual.

El resto del recorrido sigue atravesando valles y granjas con caballos y ovejas, que pastan ajenas al fuerte viento que sopla. Mi destino era dormir en una cabaña cerca de la ciudad de Borganes y como había leído que por el camino se encuentra un buen complejo de baños termales, llamado Krauma, me fui directa hacia allí, tomé el desvío 50 y después la 528. El complejo está justo al lado de una central geotérmica, con su característico olor a huevo podrido y sus pequeños géiseres con agua hirviendo que se pueden ver desde el exterior.

Cuando llegué al complejo de cabañas donde tenía que hacer noche, me encuentro que mi alojamiento era uno de las 20 «habitaciones» diáfanas construidas en una nave, con una mini cocina y un baño en el que vi la única araña de todo el viaje! Tuve que abrigarme bastante porque el mini-radiador no daba para mucho. Por eso mejor no lo recomiendo. Me quedo con el recuerdo de los paisajes.

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